Anita, el retrato de una vida Featured

Anita Calero propone la vida, plena sencilla y creativa, desde la conjugación de dos verbos en presente activo: insistir y creer. Sus imágenes, únicas y contundentes, son el testimonio de una persona que no se da por vencida y que confía en su talento.

Tiene la voz suave. En ella se adivina una suerte de dulzura cultivada desde los aprendizajes más personales. Pensar en ella es elaborar un mapa de imágenes, prestadas o recreadas al antojo del interlocutor. Anita Calero es precisa con las palabras. Se advierte en ella un genuino interés por hacer de la conversación una obra arte. Un ejercicio vital, que se recupera y colma de sentido cuando ella propone el saludo y promete interés y escucha.

Lo suyo es la fuerza poderosa, expresada en su cuerpo y en las imágenes atrapadas como instantes pletóricos de sentido, o sentidos. El ímpetu de quien deja su país en una rotunda apuesta por los sueños, los sueños propios, fertilizados con ganas y arrojo. Y abrazados con un verbo que ella no cesa de repetir: Insistir.

“Me fui a Estados Unidos con una mano adelante y otra atrás. Mi historia hoy, décadas después, me permite decirles que nunca se derroten, que siempre hay una posibilidad y que si creo que puedo hacerlo, lo hago”.
Otro verbo se suma a la historia firmada por Anita: Creer.

Hoy, a los 65 años, no se detiene. Insiste y cree. Hace cinco años se dijo que quería un retiro parcial. La respuesta: una casa, a su manera, en Cali, y otra, en modo refugio, en San Andrés

La construcción o elaboración de un espacio o de una imagen nace a partir de una idea, una sensación, un deseo… ¿Cómo se suscita este instante?

“Parte de una idea que deriva en una visión propia. Es algo que sale de las entrañas. Hay un lienzo, pintura o pincel, pero hay algo en las entrañas, que genera ese estado llamado arte o magia. Cada uno escupe sus sentimientos de diferente manera. Uno se quiebra y expone el corazón, porque cada uno tiene su entraña, esa que está ahí, debajo del estómago, del corazón. Es muy personal y propio, la huella digital”.

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La belleza es una condición sine qua non para el encuentro de la fotografía que usted se imagina o sueña. Digo belleza, lejos de los cánones occidentales.
“No es una condición. La belleza es una palabra muy compleja. Ves una foto de Irving Penn de unas colillas de cigarrillo y es bella. Uno ve belleza donde quiere ver belleza. El ojo mira y se siente la exaltación interior. Uno lo sabe de inmediato y lo quiere fotografiar”.

A propósito, qué es la belleza para Anita Calero.
“Se deletrea así: N a t u r a l e z a”.

Cómo concibe la fotografía… ¿Es un concepto o pasión que muta con el paso del tiempo? ¿Cómo la veía en su estadía en Estados Unidos y cómo la vive hoy desde Cali? ¿Pasión? ¿Vida? ¿Posibilidad?
“En realidad es una imagen que capta ese momento a través de una ventana, en cuestión de minutos y lo deja congelado para la eternidad. No importa el país o el espacio geográfico, que puede ser cualquiera. Solo cambia la lengua, no el país. Ahí solo repercuten la creación del algo y el alma. Y ese algo es complejo”.

Volver a Colombia, a Cali… ¿Qué ha significado para usted este retorno?
“Poner los pies en mi tierra. Con eso digo todo. Uno vuelve. La semilla del humano vuelve y se resiembra. Es una suerte de reciclaje. Volví a todo, como un círculo que se cerraba. No era una necesidad, era una derivativa de muchas cosas. Para mí, volver fue lo más normal. Es que con los pies sientes todo”.

¿Cómo llega el arte y se instala en su vida? ¿Cómo se expresa a través de él?
“No llega y se instala. Surge como un ADN que se lleva adentro, se respira en el corazón. Se expresa con sentimientos. No es una cosa que surge o llega, es, simplemente, una molécula que te pertenece. Yo lo siento más como algo instintivo y natural al ser humano. Es sentimiento”.

Un destino o lugar al que siempre regresa o quiere regresar… ¿Qué busca allí?
“A Roma y el desierto en África. Buscar es un decir, porque para mí es un Encuentro, es ir al encuentro de vidas pasadas. Allí tengo una cita con las emociones: me relaciono con los seres de cada lugar y con cada espacio como si hubiera pasado muchas vidas allí. Experimento esas ciudades y me relaciono con ellas. Me siento liberada. Sé por dónde caminar y a dónde ir. Vibro con una especie de trascendencia muy vieja. Sé que pertenecí a esos lugares”.


En múltiples ejercicios de arte y a los artistas se les afana con la pregunta sobre la inspiración… ¿La suya existe? ¿Surge en ciertos momentos? ¿O está introyectada en su quehacer cotidiano?
“Vuelvo a visitar la respuesta de la naturaleza, ahí está, y en unos padres que me dieron la mejor universidad visual. Surgió desde muy temprano, sigue hoy y quiero que siga hasta el final de mis días.

Todo en mis padres era inspirador: su ser de belleza, su hábitat, el vestir, el alimento, el amor, su forma de ser. Crecer con ellos fue un despertar a lo que soy yo.

Inspiración es la vida entera: olores y colores, que te llevan a una cadena perpetua. Es un tercer ojo que no vemos, pero que está en todo: la luz de la primera hora del día, por ejemplo. La inspiración es una constante, por lo menos para mí”.

¿En qué momento tuvo la respuesta y se dijo: Esto soy yo. Esto es a lo que me quiero dedicar?

“Cuando vi a mi madre con una cámara en su cuello, iba muy elegante y el aparato estaba en una cubierta de cuero y yo supe que de allí salía magia. Ella miraba y creaba el momento. Lo congelaba con su historia para toda una vida. La cámara se me hace desde entonces un objeto tan sutil, que encierra tanto y todo. Ahí supe que eso era”.

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¿Qué se siente al lograr la imagen imaginada?
¿Qué se siente? No sabes qué hora es, si hace frío o calor. Si el día continúa o cómo llegaste ahí. Te sientas, y estás tú con la creación que estás haciendo. No hay olor, color, no hay sabor. Es uno con uno. Uno se eleva. Es un estado muy alto”.

Al leer sobre sus espacios en Cali se advierte una sensibilidad por el pasado y un sabor a eclecticismo. ¿Qué siente cuando habita su espacio y lo recorre con todos sus sentidos?
“Mis espacios son una extensión mía, como un pájaro y sus alas. Dicen tanto de mí. Están adheridos a mi y se siente muy bien. Y más, cuando llega la gente y les atrae.
Me dicen ‘Aquí se siente paz’ y yo les respondo ‘Son mis alas’. Me siento realizada. Me alaban por mis espacios y siento una especie de alivio, una exclamación interna que dice ah…”.

¿Cuál es la imagen que la conmueve?
“No tiene nada que ver con la fotografía, pero la pobreza me estruja el corazón. No quisiera capturarla en una imagen”.

Y una suya… que haya fotografiado.
“Hay una que encierra mucho. Cuando ocurrió el atentado de las Torres Gemelas yo estaba en Nueva York y regresé a Colombia muy afligida y con mis alas muy abajo. Quería capturar una imagen que representara ese momento. La gente me dice que mi obra tiene mucha naturaleza, animales y luz. Entonces, le pedí al jardinero algo muerto, un palo, una hoja, una planta… Y apareció con dos pájaros, dos azulejos, recién muertos, porque un carro los empujó. Aún estaban calientes. Los uní en forma de corazón, como las dos torres, con amor y sentimiento. Y con estas aves, que son monógamas, le expresé mi amor a Nueva York. Es una de las imágenes que más dice de mí y me llena el corazón. Todavía me hace vibrar”.


En tiempos de cámaras omnipresentes en teléfonos móviles, a qué imagen o instante quisiera volver para verlo con sus ojos.
“A todos los instantes quisiera volver. No volvería a tomar la foto, porque ya la hice, me saldría de esa ventana, la de la cámara, para verlo todo. Oler y ver cosas de las que me perdí. En ese cuadro quedó ese minuto, pero yo ahora quisiera verlo, porque lo tomas y no sabes qué pasó alrededor. Quisiera volver y sentir todo”.

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Quisiera oler y ver cosas de las que me perdí. En ese cuadro quedó ese minuto, pero yo ahora quisiera verlo, porque lo tomas y no sabes qué pasó alrededor. Quisiera volver y sentir todo

 

Mis espacios son una extensión mía, como un pájaro y sus alas. Dicen tanto de mi. Están adheridos a mi y se siente muy bien.

 

Uno ve belleza donde quiere ver belleza. El ojo mira y se siente la exaltación interior. Uno lo sabe de inmediato y lo quiere fotografiar”.

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